





30 min

40 min

4 pax

Fácil
Picamos los dientes de ajo en láminas finas.
En una cazuela, añadimos un chorrito de aceite de oliva extra y añadimos los ajos laminados a temperatura baja.
Haremos un caldo de pollo con 1 litro y medio de agua y el muslo de pollo. Para ello, ponemos el agua a fuego alto y esperamos a que empiece a hervir, momento en el que pondremos el muslo de pollo y taparemos la olla y también, bajaremos la potencia del fuego.
Lo dejaremos entre 30 y 45 minutos cociendo. (También podemos utilizar caldo reservado de otro día o caldo ya preparado).
Después de ese tiempo, colamos el caldo y probamos de sal para rectificar si hace falta.
Añadimos el caldo de pollo a la cazuela (del paso 1) con los ajos laminados, y también colocamos ordenadamente las rodajas de pan.
Por último, añadimos los huevos cascados y enteros (en el momento de caer, los batimos con un tenedor para hilarlos).

TERMINADO DEL PLATO:
5. Colocamos la sopa en un plato hondo, cazuela de barro o recipiente adecuado, añadimos por encima de la sopa el queso rallado y gratinamos con un soplete o con un gratinador.
6. Rociamos con un poco de cebollino picado y servimos bien caliente.
A los ajos, podemos añadirles una cucharadita de pimentón dulce, que cambiara el color y ligeramente el sabor.
Podemos poner nuestra sopa sin el huevo y acompañar con una yema en una cuchara, para verterla al momento.
Es un plato ideal para noches frías de invierno al lado de una buena chimenea y la sopa, muy, muy caliente.
Cada tipo de ajo nos dará diferentes puntos de sabores a nuestra sopa, todos ellos, estupendos.
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